Si estás buscando una solución para el suelo de tu casa, es fácil sentirse un poco perdido entre tantas opciones: parqué encolado, parqué flotante, tarima flotante, suelo laminado, macizo, multicapa... Son términos que a menudo se usan como si significaran lo mismo, y no siempre es así. En esta guía aclaramos las diferencias reales entre cada uno, para que la decisión no dependa solo de lo bonito que se vea en la tienda, sino de lo que realmente necesita cada estancia de tu casa.


La principal diferencia entre laminados y tarima no está en el aspecto, que hoy en día puede ser casi idéntico, sino en el material: la tarima es madera natural, el laminado es un material sintético que la imita.
Las tarimas flotantes son de madera, generalmente maderas nobles y duras, pensadas para soportar un alto tránsito de personas con el mínimo desgaste posible. Pueden ser de madera maciza o multicapa. Las tarimas de madera maciza son, en su totalidad, madera noble; el parqué multicapa, en cambio, tiene como soporte una madera prensada de alta densidad y una capa superior de madera noble, y su calidad aumenta cuanto mayor es la proporción de esa madera noble en la capa visible.
Aquí conviene hacer una puntualización que casi nadie tiene en cuenta: no es del todo correcto hablar de "tarima flotante" como si fuera un producto en sí mismo. Según recoge la Federación Española de Pavimentos de Madera (FEPM), la tarima no es un material, sino un sistema de instalación del pavimento de madera sobre rastreles. Lo técnicamente correcto sería hablar de parqué flotante multicapa o parqué flotante macizo, aunque en la práctica el término "tarima flotante" se haya extendido tanto que se usa para casi cualquier suelo de madera instalado sin pegar al suelo base.
Tampoco hay que confundir el parqué de madera, ya sea encolado o flotante, con los suelos laminados. Estos últimos suelen tener una base compuesta de fibras de alta densidad (HDF, DM o MDF), acompañada de un panel superior que imita el dibujo de la madera. La superficie se recubre con una capa transparente resistente al desgaste que, al tratarse de un material sintético, no admite ser lijada. Esa es una de las diferencias más importantes entre parqué flotante y suelo laminado.

El parqué, al tener al menos una capa de madera noble, sí podrá ser acuchillado y barnizado con el paso del tiempo cuando empiece a mostrar desgaste, algo que no es posible con un suelo laminado.
Dentro del propio parqué existen diferencias importantes según su composición. El parqué macizo está formado enteramente por madera noble, lo que lo hace más resistente a lo largo del tiempo y permite lijarlo varias veces a lo largo de su vida útil, pero también encarece bastante el producto. El parqué multicapa combina una base de madera prensada de alta densidad con una lámina superior de madera noble, lo que reduce el coste sin renunciar del todo al aspecto y al tacto de la madera real.
Los suelos de parqué tienen la belleza de la madera natural, su tacto y unos acabados irrepetibles: cada pieza es única. Por otra parte, presentan también las desventajas propias de la madera: son más blandos que los laminados, por lo que se rayan y desgastan con más facilidad. Cuando la tarima flotante se estropea, para que recupere su aspecto original, hay que acuchillarla.
Conllevan, en general, un gasto más elevado, así que conviene valorar si merece la pena invertir en un suelo de madera natural o si un buen laminado puede cumplir la misma función con menos mantenimiento. Ver precio.
Los suelos laminados están formados por varias capas de distintos materiales:

Este tipo de suelo no admite ser lijado ni barnizado como el parqué, pero a cambio su dureza es mayor que la de la madera natural: resiste mejor la humedad, los arañazos y las manchas. Por lo general, los suelos laminados son más económicos que los pavimentos de parqué, y la calidad de sus acabados actuales los hace difícilmente distinguibles de la madera real a simple vista. Su instalación suele ser flotante, y la mayoría de fabricantes incorporan un sistema de clic que hace que el montaje sea sencillo y bastante rápido. Ver precio.
En cuanto a la resistencia de los suelos laminados, la referencia es la norma europea EN 13329, que recoge los parámetros de abrasión en función del desgaste causado por el rozamiento de unas ruedas recubiertas de lija. Existen seis categorías, que van de AC1 a AC6, siendo esta última la más resistente del mercado.
En función del uso al que se vaya a destinar el suelo, la propia norma distingue entre uso doméstico (clases 21 a 23), comercial (31 a 34) e industrial (41 a 43). El último dígito de cada cifra marca la intensidad de uso: moderado (1), general (2), intenso (3) y muy intenso (4). Conociendo estas resistencias podrás comparar y elegir con mucho más criterio entre las distintas opciones de parqué flotante y suelos laminados que te ofrezcan en la tienda.
El parqué, por su parte, suele llevar como protección un barniz al agua aplicado en varias manos, hasta siete en algunos casos. Existen también suelos que incorporan óxido de aluminio en su tratamiento superficial, lo que les da una resistencia a la abrasión mayor de lo habitual en la madera.
Ambos tipos de suelo se pueden colocar encima de un pavimento existente, ya sea cerámico o de otro material, sin necesidad de retirarlo previamente. La condición imprescindible es que el suelo base esté perfectamente nivelado y uniforme; si no lo está, hay que aplicar antes una pasta niveladora. Si es tu caso, en nuestra guía sobre cómo nivelar superficies antes de una instalación explicamos la técnica con Aguaplast que también sirve de referencia para suelos.
En cuanto al parqué, dependiendo del modelo, se puede distinguir entre estos sistemas de instalación:
En el caso del parqué sobre rastreles, lo primero es colocar una hilera de rastreles correctamente nivelada, sobre la que después se apoyarán las lamas. En el hueco que queda entre un rastrel y otro se puede aprovechar para colocar aislamiento térmico y acústico.


Los suelos laminados, para su unión, disponen generalmente de un sistema de clic que permite encajar unas piezas con otras sin necesidad de encolar.

Antes de las lamas, se debe colocar una base o manta aislante, normalmente de poliuretano. Existen distintos tipos de manta aislante según la función que necesites: térmica, acústica o antihumedad. Ver precio.

Si quieres instalar un sistema de calefacción por suelo radiante, y tu parqué o laminado es apto para este tipo de calefacciones, se suele emplear aluminio o polipropileno metalizado en la base, ya que ayudan a propagar el calor de forma uniforme por toda la superficie. No todos los productos son aptos para suelo radiante, así que este es un dato que conviene comprobar antes de comprar, no después de instalarlo.
En cuanto al parqué, se suele distinguir entre las tablillas macizas, que permiten realizar distintos dibujos y composiciones geométricas.

Y también las lamas de parqué, de formato más alargado.

Las maderas más empleadas en parqué son el roble, el pino, el haya, el fresno, el iroko o el cerezo, entre otras. Hoy en día hay numerosas opciones de color, desde el blanco hasta el gris, pasando por tonos de madera clara u oscura y acabados rojizos, además de distintas posibilidades de relieve en cada lama. Los suelos de parqué, de hecho, permiten ser teñidos antes de barnizarse, lo que amplía todavía más las posibilidades de acabado.

En cuanto a los suelos laminados, se presentan en infinidad de colores y diseños: puedes elegir imitaciones a madera en tonos blancos, grises, beige, naturales, oscuros o rojizos, e incluso modelos que imitan otros materiales como la cerámica, el mármol o el metal.

Una vez que hayas decidido qué material se adapta mejor a tus necesidades, te recomendamos pedir varios presupuestos a profesionales antes de decidirte por uno.
Aquí es donde muchas personas se llevan la sorpresa después de haber elegido solo por estética. El parqué necesita algo más de cuidado: no conviene fregarlo con agua abundante, ya que la humedad puede colarse entre las lamas y provocar que se hinchen o se deformen con el tiempo. Lo habitual es limpiarlo con una mopa ligeramente humedecida o productos específicos para madera, y aplicar cera o barniz de mantenimiento cada cierto tiempo según el tránsito de la estancia. Ver precio.
El laminado, al ser un material sintético, se lleva mucho mejor con la limpieza diaria: admite una fregona bien escurrida sin mayor problema, no necesita cera ni barniz, y basta con evitar el agua estancada sobre la superficie durante mucho tiempo. Es, en general, la opción que menos mantenimiento exige de las dos. Ver precio.
Los precios varían mucho según la marca, el grosor y el acabado, pero como orientación general, un suelo laminado de calidad media suele costar bastante menos por metro cuadrado que un parqué multicapa, y este a su vez es más económico que un parqué macizo de madera noble. A ese precio del material hay que sumar la mano de obra de instalación, que depende de la superficie total, del estado del suelo base y de si hace falta nivelarlo antes de colocar el pavimento nuevo.
Si quieres una cifra concreta ajustada a tu vivienda, lo más fiable es pedir presupuesto sin compromiso, indicando los metros cuadrados y el tipo de suelo que tienes actualmente.
Como ya hemos explicado, la tarima flotante se refiere a los suelos de parqué instalados de forma flotante, sobre rastreles, sin pegar al suelo base.

Aunque el término debería reservarse para los suelos de madera, en la práctica se ha extendido tanto que también se usa para referirse a los suelos laminados colocados de esta misma forma.
¿Tarima flotante o suelo laminado? La principal diferencia entre ambos es que el laminado está fabricado con materiales sintéticos, mientras que la tarima es madera natural. Todo lo demás (precio, mantenimiento, resistencia) se deriva de esa diferencia de base.

Los suelos de parqué tienen la belleza de la madera natural, su tacto y unos acabados irrepetibles, ya que cada pieza es única. Por otra parte, presentan también las desventajas propias de la madera: son más blandos que los laminados, por lo que se rayan y desgastan con más facilidad, y cuando se estropean hay que acuchillarlos para devolverles su aspecto original.

Los suelos laminados, en cambio, tienen mayor dureza que los de parqué. Al estar elaborados con materiales sintéticos, resisten mejor el agua y en muchos casos son ignífugos. Sus acabados son muy variados: puedes encontrar laminados con aspecto de roble, haya o pino, y también modelos que imitan el cuero, la tela, el mármol o la pizarra. Apenas requieren mantenimiento y son más económicos, por lo que suelen ser la opción más cómoda para la mayoría de hogares y comercios.
Un suelo laminado con sistema de clic es, de los dos, el más asequible para instalarlo uno mismo si tienes algo de maña y el suelo base ya está bien nivelado. El parqué, sobre todo si va sobre rastreles o requiere encolado, exige más precisión y herramienta específica, y un error en la instalación se nota mucho más con el tiempo que con un laminado.
Si el suelo base no está nivelado, si vas a instalar calefacción radiante, o simplemente prefieres no arriesgarte con una superficie tan visible como el suelo de toda una habitación, en Manitas en León contamos con profesionales de carpintería que se encargan de todo el proceso, desde nivelar la base hasta dejar el suelo terminado.
Elegir entre tarima flotante, parqué o suelo laminado depende sobre todo de tus prioridades: si valoras la madera natural y no te importa dedicarle algo más de mantenimiento, el parqué es la opción con más carácter. Si prefieres un suelo resistente, económico y prácticamente libre de mantenimiento, el laminado actual iguala en aspecto a la madera sin sus inconvenientes. Ninguna de las dos opciones es una mala elección; la buena elección es la que encaja con cómo vives realmente en tu casa.
